20110316

La situación laboral de la mujer en México.

Citlali Toledo.€

Dentro del capitalismo la mujer trabajadora siempre ha sido presa de una doble explotación: laboral, en primer lugar por las relaciones de producción entre el asalariado y el patrón, en las que el primero vende su fuerza de trabajo obteniendo una remuneración por debajo de la riqueza producida, y en segundo lugar la domestica por la labor no remunerada en el hogar. La vida de la mujer trabajadora en el capitalismo se limita a procurar su existencia para luego seguir laborando, y también en asegurar la producción y reproducción de la mano de obra del hombre, a veces de la familia completa.

La mujer trabajadora adopta entonces un carácter sumamente rentable para el capitalismo por lo que la condena y perpetua su estado de explotación y opresión. La emancipación de la mujer es inherente a la del hombre y la sociedad completa.

Rumbo a la vida laboral el primer reto con el que se encuentra la mujer es encontrar trabajo. Muchas mujeres están en desventaja debido a falta de estudio ya sea por pobreza, por cánones culturales o ambas; por ejemplo, en algunas regiones aun no es socialmente aceptado que las mujeres asistan a la escuela. Sin embargo, la mayor parte que no sale de casa a trabajar si lo hace en su casa pero este trabajo no es considerado como actividad económica. Algunos analistas creen que la suma del tiempo en que la mujer está fuera de labor por maternidad, también juega un papel para estar en desventaja frente a la experiencia y disponibilidad con la que cuenta un hombre, también es el caso de la movilidad, pues por lo general las mujeres tienen más ataduras que le impiden viajar o estar un largo periodo fuera del hogar.

Al final de cuentas las desventajas de la mujer en el ámbito laboral se reducen al rol que les impone la sociedad y que muchas veces no están en condición de elegir. Además de esta carga extra, la mujer, al igual que los hombres, se enfrenta a la competencia que el capitalismo impone como forma de selección, al ser incapaz de ofrecer trabajo para todos. A nivel mundial el número de desempleados en 2008 era de 193 millones, 112 millones eran hombres, y 81 millones eran mujeres; en 10 años de 1998 a 2008 el empleo de la mujer adulta con respecto a la población total aumento solo 1.2 puntos porcentuales, llegando al 40.4 por ciento de los 3,000 millones de empleados en todo el mundo. La mujer trabajadora sin lugar a dudas juega hoy un papel fundamental en la economía mundial. La mayor parte de las trabajadoras se localizan en la agricultura, seguida por los servicios y solo 18.3 por ciento en la industria, en comparación con el 26.6 por ciento de los hombres.

A finales del 2008 y debido a la crisis económica el desempleo aumento 4.9 por ciento, el porcentaje de desempleo masculino llegó a 6.6 por ciento, en las economías desarrolladas y la Unión Europea, y a 6.8 en el caso de las mujeres. Esto significa según la misma OIT, de donde hemos obtenido este dato, que “en 2008 se produjo una disminución de la brecha de género en la tasa de desempleo, pero sólo debido a que la situación de los hombres en el mercado de trabajo empeoró más que la de las mujeres.” Sin embargo, en México, en el tercer trimestre de 2009, las mujeres registraron un 6.13 por ciento de desempleo frente a los 5.7 puntos del sector masculino. En el global según datos proporcionados por la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, son 170 mil 840 desempleados a nivel nacional, de los cuales 57.9 por ciento son hombres y 42.1 por ciento son mujeres. La cifra de mujeres parcialmente ocupadas asciende hasta los 16.15 puntos porcentuales, dato que casi dobla al de los hombres.

Pero una vez que una mujer es contratada se enfrenta a una discriminación salarial, las mujeres ganan en promedio un 15 por ciento menos que los hombres por cada hora trabajada (Report on equality between women and men - 2007, Comisión Europea, Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Igualdad de Oportunidades, febrero de 2007). Según la OIT, en zonas urbanas de Brasil, Chile, El Salvador y México, el salario por hora de las mujeres se situaba en torno al 80 por ciento del de los hombres, en 2008, sin embargo el informe del Foro Económico Mundial afirma que en México la brecha salarial llega al 53 por ciento de menor precepción económica de la mujer con respecto al hombre. En Nuevo León, es de 30 por ciento según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2008 del INEGI. Pero esta brecha llega hasta un 39 por ciento en Rusia y en Ucrania a un 28 por ciento. Esta situación no tiene otra justificación más que asegurar mayor rentabilidad al capitalismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial se mandaron a mujeres y niños a laborar con una paga menor a la de un hombre, cuestión que se justificaba mediante el argumento de que dicha “fuerza de trabajo empleada era de menor rendimiento físico” que la de un hombre maduro, sin embargo, actualmente muchos trabajos se han modificado por el avance tecnológico e industrial, requiriendo menor esfuerzo físico. Con la ayuda tecnológica las mujeres producen igual que un hombre pero gana menos. Esto puede ser tentador para los contratos y en algunos casos se aplica, pero otro aspecto por lo que se quiere justificar la diferencia salarial es por los gastos que implican las prestaciones referentes a la maternidad, según algunas leyes y convenios como el convenio sobre protección a maternidad creado en octubre de 1919 y sin grandes modificaciones desde entonces, o la ley para la mujer trabajadora, que no se respeta, ni se vigila su cumplimiento. También existe un Convenio sobre igualdad de remuneración que data de 1951, que partía de que a igual trabajo se debía pagar igual salario, sin embargo, esto tampoco se aplica, el mismo caso para el Convenio contra la discriminación en materia de ocupación y empleo de 1958 e incluso la Ley Federal del Trabajo de 1931.

Es una necesidad como clase social que la mujer salga a laborar para la supervivencia, esta misma necesidad creada por el capitalismo la lleva a involucrarse con la vida laboral, y la relación con la producción le da fuerza para luchar como parte de la clase.

Debemos luchar en primer lugar por igualdad de condiciones en la contratación, igual salario a igual trabajo, también debemos exigir las prestaciones de maternidad y condiciones laborales adecuadas y seguras, todas estas demandas van de la mano con la de nuestros compañeros que también nos afectan. Las mujeres trabajadoras históricamente han jugado un papel muy importante en la lucha de clases, fundamentalmente por su doble o hasta triple jornada laboral, sin duda alguna la entrada cada vez mayor de mujeres al mundo laboral y la lucha por estas demandas junto con una mayor igualdad en la participación de las tareas del hogar, es el primer paso para la lucha por su emancipación del sistema capitalista, hombro a hombro con sus compañeros de clase.

RESOLUTIVO MESA III

En esta mesa participamos once compañeras y compañeros de organizaciones sindicales (STUNAM; SITUAM, Bloque delegaciones democráticas y CNT) y políticas (PT y Tendencia marxista). La mesa fue coordinada por María Luisa Rivera C., quien leyó los títulos de las seis ponencias presentadas para su análisis y discusión, mismas que aparecen en estas Memorias del VII Encuentro de Mujeres Trabajadoras en Defensa de la Seguridad Social, la Contratación Colectiva y la Ley Federal del Trabajo:

* La mujer en la defensa de los sindicatos como herramientas para obtener mejoras salariales, de María Velázquez;
* Análisis del voto de la clase trabajadora en la coyuntura electoral de 2012, de Max Ortega;
* El trabajo doméstico es trabajo productivo, de Eva Pérez Gómez;
* La situación salarial de la mujer en México, de Citlali Toledo;
* Eros, salud, sindicalismo y mujer, de M. Silvia Velázquez Miranda, y
* Unidad sindical, de Celina Soriano Flores.

Como ya es habitual en nuestros Encuentros de Mujeres Trabajadoras, colectivamente acordamos la metodología a seguir, que consistió en el análisis de cada ponencia tras la lectura de cada una de ellas. La discusión fundamental giró alrededor de tres tópicos: nuestra posición frente a las elecciones presidenciales del año 2012, la unidad de la clase trabajadora en defensa de sus derechos, y el debate entre “perspectiva de género” o feminismo clasista. A continuación la síntesis de los trabajos realizados por las y los integrantes de la Mesa III.

Con relación al voto de la clase trabajadora, y en particular de las mujeres trabajadoras para las elecciones presidenciales del año 2012, el análisis versó alrededor de las posibles candidaturas de la izquierda y la importancia de avanzar en la formulación de un proyecto de país diseñado por, desde y para la clase trabajadora que esté plenamente enmarcado en la perspectiva y las visiones de las mujeres trabajadoras. Por ello, se dijo que quien resulte candidato de la izquierda debe recoger nuestras demandas; debemos estar atentos, como clase y como mujeres, a los movimientos de los enemigos de clase, para actuar con nuestros aliados en pos de un programa común.

Ése, nuestro proyecto de país, que aún elaboramos, como trabajadoras y como mujeres nos implica: desde nuestra salud, nuestro cuerpo, nuestros saberes y conocimientos; nuestras diversas maneras de entender la política y lo político, nuestra lucha permanente contra el sexismo y toda manifestación patriarcal-capitalista; ese proyecto que, se subrayó, está en construcción, debe ser retomado por la conquista de la igualdad; el trabajo desde abajo, con las bases, con los compañeros.

Se insistió en la necesidad de hacer del análisis de coyuntura un ejercicio cotidiano en todas y cada una de nuestras organizaciones, tomando en cuenta que todas nuestras acciones en defensa de nuestros derechos laborales, de nuestro derecho a la sindicalización y a la contratación colectiva, deben vincularse, orgánicamente, con el diseño del proyecto de país y el impulso de un programa nacional con visión de clase trabajadora.

Frente a los innegables efectos que el neoliberalismo ha generado en el mundo del trabajo, a través de las llamadas políticas laborales neoliberales (trabajo precario, destrucción de contratos colectivos de trabajo, pulverización de sindicatos, salarios trocados por las cuotas de productividad, etc.) y en particular en las mujeres trabajadoras, a quienes el neo-conservadurismo neoliberal intenta reducirlas a las funciones y actividades consideradas “naturales”, pretendiendo recluirlas en los espacios domésticos al expulsarlas crecientemente de los centros de trabajo, el movimiento de trabajadoras se enfrenta al reto de mantener la lucha constante en defensa de los derechos laborales, al tiempo de convocar, cada día, a las trabajadoras que, a pesar de las condiciones imperantes, puedan ver que la organización y la lucha colectivas son las que podrán resolver, a la postre, el ingente tema del trabajo y de sus derechos como mujeres trabajadoras.

Tras el nuevo despojo que sufriera el pueblo, esta vez por la toma militar de las instalaciones de Luz y Fuerza, otra vez queda claro que después del golpe al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), cualquiera puede quedarse sin trabajo. Más que luchas aisladas, gremialistas, debemos avanzar en la consolidación de frentes unitarios de lucha nacional, pero con la claridad de quienes son nuestros aliados, quienes los oportunistas y quienes, el enemigo. Debemos aprender de las amargas experiencias de los últimos años, con las convocatorias a huelgas nacionales; la última de ellas fue la de marzo del 2010, cuando el SME convocó a una huelga política nacional con el apoyo inicial de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT): una vez más, la UNT boicoteó la iniciativa.

Con relación al voto de la clase trabajadora, se enfatizó en la mesa que es fundamental tener presente que, hasta la fecha, no hemos tenido un programa de nación propio; por ello, para analizar la importancia de votar, en el marco del capitalismo, y en particular en esta fase neoliberal, es preciso recordar que, al menos desde los años 50, se agotó la discusión acerca de si como sindicatos, como sindicalistas, debemos o podemos vincularnos a los procesos electorales: como trabajadores y trabajadoras podemos participar en política; estudiar y reflexionar en torno de la relación sindicato-partido, la relación sindicato-elecciones, y para qué sirven las elecciones a la clase trabajadora. La desmemoria, la falta de formación política de las bases, y lo avasallador que resulta el neoliberalismo pueden conducirnos a que, con nuestro voto, prolonguemos el estado actual de cosas, cuya amenaza se cierne ya: el 2012 está a la vuelta del calendario.

Las propuestas/resolutivos de la mesa son:

 Impulsar la discusión en los sindicatos sobre la participación en el proceso electoral
 Discutir, en sindicatos y centros de trabajo, nuestro proyecto de nación incluso durante el proceso electoral
 Discutir, analizar y elegir al candidato que nos represente, que represente las visiones y propuestas de la clase trabajadora, y claramente las de las mujeres trabajadoras
 Retomar, iniciar, impulsar todas las acciones necesarias y posibles para la formación político-sindical de las bases
 Preparar la huelga nacional de masas
 Insistir en que la lucha de clases se da simultáneamente con la lucha de género. Sumar agenda de clase y de género para visibilizar demandas.
 Mantener la lucha en contra de la discriminación laboral de las mujeres y cualquier otra discriminación, subordinación, exclusión y segregación sexista.